Culpables
Está más que demostrado que los métodos imperantes de producción de alimentos desde hace más de 60 años están basados en el uso de sustancias tóxicas en la agricultura.
Ese modo de hacer comida es deficiente, hasta letal, para la salud de las personas, de sus sociedades y del planeta.
Lo sabemos ya hasta los pringaos más marginales del barrio.
Y sin embargo se sigue metiendo veneno alegremente en nuestras dietas con la connivencia insultante de nuestro sacrosanto Estado.
Y mientras saca pecho, se constituye en protector y defensor, en especial, del auge del método generador de muerte y de la misma economía que nos envenena.
La manera de
distribuir los alimentos en la actualidad está apoyada en el
transporte frenético global. Este método exige un consumo salvaje de
combustibles que ocasiona a la vez un deterioro atmosférico
insostenible.
Es igualmente pernicioso, el método, para aquellos mismos intereses sanitarios, sociales y planetarios. Condiciona también a viabilidad del futuro humano por esquilmar los recursos no renovables.
Vamos, un efecto dominó de traca.
Mientras los Estados, y sus responsables, los mismos que miran de perfil en temas de producción de alimentos, siguen haciendo gala de su histórica habilidad de poner cara de tonto.
Torpes, frívolos, lentos o malintencionados, los Estados no están a la altura del reto que nos toca enfrentar.
Es igualmente pernicioso, el método, para aquellos mismos intereses sanitarios, sociales y planetarios. Condiciona también a viabilidad del futuro humano por esquilmar los recursos no renovables.
Vamos, un efecto dominó de traca.
Mientras los Estados, y sus responsables, los mismos que miran de perfil en temas de producción de alimentos, siguen haciendo gala de su histórica habilidad de poner cara de tonto.
Torpes, frívolos, lentos o malintencionados, los Estados no están a la altura del reto que nos toca enfrentar.
Pero la relación de
absurdos y de maldades no queda ahí, y demuestra lo insensato de un montaje que resulta con claridad inviable, si lo miramos con la
amplitud suficiente.
Da vergüenza saber que detrás de ese gran diseño del modelo agroalimentario haya economistas y titulados en empresariales que defienden una propuesta ruinosa, lo llevan haciendo décadas.
Me recuerda meteduras de pata gloriosas como la de la lucha por erradicar la tuberculosis por parte de las autoridades sanitarias españolas, que llevan 40 años gastando ingentes cantidades de dinero, matando a miles y miles de portadores y arruinando a ganaderos.
Y la tuberculosis se troncha de la risa pensando en el magnífico aliado que tiene para su supervivencia en la administración pública y sus gobernantes.
Pero hay otra versión más perversa que esta élite practica. Inventarse al enemigo, crear alarma social y...alehop...pasta para todos!.
Esto es como lo de las guerras de objetivo encubierto. Armas de destrucción masiva cuando el asunto era el petróleo, les suena?
Da vergüenza saber que detrás de ese gran diseño del modelo agroalimentario haya economistas y titulados en empresariales que defienden una propuesta ruinosa, lo llevan haciendo décadas.
Me recuerda meteduras de pata gloriosas como la de la lucha por erradicar la tuberculosis por parte de las autoridades sanitarias españolas, que llevan 40 años gastando ingentes cantidades de dinero, matando a miles y miles de portadores y arruinando a ganaderos.
Y la tuberculosis se troncha de la risa pensando en el magnífico aliado que tiene para su supervivencia en la administración pública y sus gobernantes.
Pero hay otra versión más perversa que esta élite practica. Inventarse al enemigo, crear alarma social y...alehop...pasta para todos!.
Esto es como lo de las guerras de objetivo encubierto. Armas de destrucción masiva cuando el asunto era el petróleo, les suena?
Vaya país de incompetentes, de descaraos y de trileros.
Señores
neoliberales de económicas y empresariales, que no.
Que las cuentas no salen.
Que ya está bien de suicidar a la gente prometiendo el oro y el moro de un progreso que no se distribuye.
Que son unos jetas que nos hacen bailar la jota porque su negocio está en vendernos las zapatillas que nos hacen desgastar dando saltos y más saltos, y piruetas y gilipolleces.
Que las cuentas no salen.
Que ya está bien de suicidar a la gente prometiendo el oro y el moro de un progreso que no se distribuye.
Que son unos jetas que nos hacen bailar la jota porque su negocio está en vendernos las zapatillas que nos hacen desgastar dando saltos y más saltos, y piruetas y gilipolleces.
Los agro-business
nos envenenan, nos venden madera en vez de fruta, nos mandan al paro,
nos petan de disruptores endocrinos y encima se quedan con nuestra
guita.
Anda ya.
Anda ya.
Queremos comida
sana, sabrosa, sueldos decentes, salud y dignidad.
Y esto no lo quieren
porque así no se enriquecen, porque así les changamos el chollazo.
No lo quieren los
timadores del tocomocho de la Nestlé, la Pepsi, Mercadona, la Bayer
ni la mayoría de los joteros timados que bailan abducidos dando
vueltas como los derviches giróvagos, en un cuelgue ciego del que se
sirven los fabricantes de alpergatas.
Esta aristocracia
necesita joteros a millones.
Pero mis zapatillas
con cintitas y todo se las pueden meter de relleno de su sanwich
cutre de pan adictivo y salsa barbacoa hinchada de dioxinas.
Señores economistas
neoliberales, están ustedes suspendidos.
Tienen ustedes un
cero porque se han cargado el planeta.
Busquen, busquen
culpables.
Hurguen entre sus dioses, sus maestros, sus ideólogos, sus popes, sus polítiquillos analfabetos y codiciosos o en su particular decálogo perverso sobre el enriquecimiento infinito que consiguen gracias a los idiotas.
Hurguen entre sus dioses, sus maestros, sus ideólogos, sus popes, sus polítiquillos analfabetos y codiciosos o en su particular decálogo perverso sobre el enriquecimiento infinito que consiguen gracias a los idiotas.
Señálense
inquisitorialmente con su dedito flácido. Descuartícense unos a
otros.
Allá ustedes.
Nos han llevado al
puñetero infierno, eso sí, con ustedes dentro.
Por fin se han enterado que estamos todos en el mismo barco, lloricas.
Por fin se han enterado que estamos todos en el mismo barco, lloricas.
Señores economistas
neoliberales están ustedes despedidos.
Con la tontería de
la corbatita, el repeinao y los numeritos han liquidado la empresa.
La gorda, la de todos.
Serán recordados
como la pandilla de chulos listos que se hinchó la panza en mitad
del desahucio. Cuando el desahucio era el de su propia casa.
Qué pena de
carreras pagadas con el dinero de todos, donado o mangado. Menuda
manera de devolver el esfuerzo que hizo la sociedad para formar
salvadores.
Mi niña diría: “Pedo”.
Mi niña diría: “Pedo”.
Señores economistas
neoliberales, sean decentes, dimitan mientras aún quede esperanza.
Necesitamos que sean relevados.
Nos la han liao gorda.
Échense a un lado.
Nos la han liao gorda.
Échense a un lado.
Cualquier día serán
juzgados, con su cohorte completa de palmeros, inspiradores y
tuiteadores por crímenes de lesa humanidad.
Serán juzgados por delitos contra la salud pública y por delito ambiental continuado.
Serán juzgados por delitos contra la salud pública y por delito ambiental continuado.
Se sentarán ustedes
en el banquillo, y nos tendrán enfrente al resto del universo.
No tendremos tiempo
de dictar sentencia, estaremos intentando recomponer frenéticamente
su entuerto.
Pero sabrán ustedes
que son culpables.
C-u-l-p.a-b-l-e-s.
C-u-l-p.a-b-l-e-s.

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