Apátrida


Esto de ser española debe ser un privilegio. 
No lo quise. Intenté quitarme de la lista, pero el Estado no me permitió ser apátrida, así que me conformé con ser una exiliada interior. 
Una golondrina con sus necesidades cubiertas: menú diario fijo de cáterin agroindustrial , farmaco-sanidad asegurada, sesgo-educación universal garantizada,...una golondrina sin alas pero con ojos y oídos perceptivos. 
Y con jaula.
 Eso sí, una jaula que cumple todas las normativas legales, convenientemente visitada por funcionarios inspectores pero por la que, sorpresa, he de contribuir obligadamente al Estado, vestida con mi traje a rayas.

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